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viernes, 26 de agosto de 2011

Falacias

Las falacias son argumentos empleados con el propósito de inducir a engaño, o que con probabilidad produzcan ese efecto, o el de hacer que adopte una posición errónea la persona a cuya mente se presenta el argumento. Jeremías Bentham las clasificó en cuatros grandes grupos:

  1. Falacias de autoridad. cuyo objetivo es reprimir, merced al peso de la autoridad, cualquier ejercicio de la facultad de raciocinio.
  2. Falacias de peligro: cuya materia es el peligro en sus diversas formas, y su objetivo es el reprimir por completo la discusión, por medio de la producción de la alarma.
  3. Falacias de dilación: cuya materia consiste en la dilación bajo distintas formas y cuyo objetivo es postergar la discusión, con el fin de eludirla.
  4. Falacias de confusión: cuyo objeto es causar perplejidad cuando la discusión no puede eludirse.

En el campo de la política abundan las falacias. No se trata de conceptos errados en sí mismos, pero se convierten en argumentos falaces, cuando se pretende erigirlos en clave total y única.-
En los últimos días se escucha argumentar que el gobierno es un régimen fascista. Una verdadera falacia, que recorre los cuatro grandes grupos descriptos.-
Por un lado, argumentan que es un régimen de esas características porque el Estado ocupa un rol en la economía. No aclaran, que tal afirmación surge de la concepción neoliberal que interpretan y no confiesan abiertamente. Para ellos la participación del Estado como árbitro y ordenador de la economía es una piedra en el zapato, un disparate. Sin embargo, más allá de nuestras fronteras, donde ocurre un verdadero tembladeral económico y financiero, se reclama la presencia -o directamente el rescate- del Estado, para que sostenga entidades financieras evitando el derrumbe del “mercado”. Los EE.UU al borde del default, con una gigantesca deuda que no vaciló en inyectar de fondos públicos a grandes empresas y bancos. Mientras tanto, el gobierno nacional alentando el consumo interno para sostener la actividad económica, vía aumentos salariales en términos reales, desocupación decreciente, AUH subsidiando la demanda, préstamos a empresas a cambio de mantener la plantilla de trabajadores, mejoras en los ingresos de los jubilados, con inclusión masiva al sistema por parte de personas que no lograban alcanzar los años de aporte, sencillamente porque el país neoliberal los puso a la intemperie.-
Otra falacia es acusar al gobierno de ser un régimen corporativo, cuando los argentinos observamos que intereses se pusieron en juego durante los debates de la Resolución 125, la Ley de Medios, la estatización de los fondos del sistema previsional con el traspaso de los mismos de las AFJP al ANSeS, por citar tres ejemplos paradigmáticos, en donde las corporaciones tuvieron tenaces defensores en diputados del Grupo A, como los bautizó Patricia Bullrich, el día que asaltaron el parlamento.-
Los intereses corporativos del “campo”, los multimedios, las AFJP fueron defendidos hasta el hartazgo por diputados que deberían velar por los intereses del conjunto, dado que no son empleados de ninguna corporación, son representantes del pueblo.-
Claro que uno de esos representantes, recurre a la definición de Wikipedia y de la Enciclopedia Británica, en idioma original, para sostener la falacia del régimen fascista.-
Leyó bien, eso ocurrió en una red social, el diputado se llama Fernando Iglesias. El proyecto político del fascismo es instalar un corporativismo estatal totalitario y una economía dirigista. Su base intelectual plantea una sumisión de la razón a la voluntad y a la acción. Ese es su paupérrimo argumento.-
No vemos vocación de instaurar un régimen fascista por la Presidenta, solo vemos a una mujer que pretende encauzar al movimiento nacional por un camino de inclusión, a una estadista con una capacidad intelectual mucho mayor que la de sus oponentes políticos. Para avanzar en esa construcción es necesario construir mayorías, y ahí radica el verdadero problema. Quienes sostienen la falacia del fascismo les temen a las mayorías, porque les será más difícil defender los intereses de los sectores a los que representan. Paradojas de la época, el Grupo A ciertamente es un bloque corporativista, al que me niego a denominar fascista, solo por cuestiones de buen gusto.-

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